Me encuentro justo en la línea
para cumplir los 30 años, el tercer piso como muchos le llaman. La segunda
adolescencia como Enrique le llamó hace algunas semanas en el comedor en la
oficina: “Dice mi psicólogo que tendremos
varias adolescencias en nuestra vida. Esa etapa en la que nos sentimos
confundidos de lo que hemos hecho hasta ahora, o peor aún, ¡lo que nos falta
por hacer!”. Me sentí identificada con esa teoría, y más aún por la
reciente incomodidad que sentía en mi relación con David, mi esposo desde hacía
un año y medio, concubino desde hacía 2 años y medio, y novio desde hacía 3
años.
Yo jamás he tenido duda del
cariño que le tengo a David, es decir, ¡lo conozco desde hace 28 años! Existe
en mi vida desde el instante que yo misma soy consciente de mi propia
existencia. Pero por alguna razón, justo en este momento de mi vida, comencé a
preguntarme si era David la persona con la que me veía envejecer. ¿La razón?...
bueno, él no es perfecto, tiene algunos detalles que no son de mi total agrado.
Es un tanto impaciente, se exaspera con facilidad. No es nada detallista y muchas
veces se pasa de individual, es decir, es muy SU tiempo, SU espacio, SUS cosas,
SU vida. La pregunta de nuevo botaba en mi cabeza: ¿Quería pasar el resto de mi vida con él?
Como era de esperarse, mi cabeza
y mis ideas comenzaron a tomar campo en el resto de mi cuerpo, por lo que
empezó a ser evidente en mi comportamiento que algo no me tenía contenta, y fue
ahí donde empezaron las conversaciones con David. La cosa se empezó a poner
tensa y aunque él no es de los que toman una postura de agresividad, se le
notaba molesto, y era obvio, yo empezaba a dudar de si esto era lo que quería.
Dado que los días transcurrían inestables, las discusiones no se hacían esperar,
y por más extraño que me pareciera y aun y que me encontrara hecha un mar de
lágrimas porque quizás estaba perdiendo a mi segundo (si, de nuevo) matrimonio,
por alguna razón me resultaba bastante atractiva la idea de volver a estar
sola. El problema era muy incómodo, hablar de esto, buscar resolverlo, ¿qué
caso tiene? ¡Mejor cada quien por su lado!... hemos sido amigos toda nuestra
vida, podemos volver a serlo, ¿no? Mi perra Katy y yo volveríamos a vivir
solas, y ayudaríamos a David a mudarse a un departamento si él lo deseaba, al
sur de la ciudad cerca de su trabajo y escuela. ¡Vaya! Lo tenía todo arreglado…
Sí que soy una máster en planear hasta cada cuándo veríamos a los perros.
Aunque esta idea parecía
perfectamente ordenada en mi cabeza, algo no me dejaba tranquila. Algo no me
gustaba de todo esto, una sensación incómoda me brotaba.
Uno de esos días en los que de
nuevo tocábamos el tema de “Quizás debamos separarnos algún tiempo”, me sentí
terriblemente confundida y triste al salir del trabajo, por lo que luego de dar
un montón de vueltas por la ciudad sin saber exactamente a dónde ir, me
estacioné en el gran puente atirantado al poniente de la ciudad. Me bajé del
auto un momento y me recargué en el barandal color rojo. Yo no era la única en el
lugar, junto a mi habían parejas, seguramente novios, se veían muy felices, muy
tranquilos, su vida estaba perfectamente ordenada, estaban enamorados. ¿Saben
ellos lo que les espera cuando el enamoramiento acabe?, pensé a mis adentros
con cierto nivel de envidia. De pronto tomé mi celular y como todos cuando
estamos aburridos, me puse a revisar mis fotos viejas; me topé con unas de
cuando la relación con David comenzaba.
“Me apresuré con David” me dije en voz alta, “Quizás necesité más tiempo sola luego de mi divorcio… debí darme más
tiempo” continué justificando mi inestabilidad emocional, porque eso era lo
que realmente hacía, justificarme, justificar una decisión que en mis adentros
quería tomar, quería que nos diéramos un tiempo pero, ¿por qué?
Volví a casa y las incómodas
pláticas continuaban, no llegábamos a nada. Me empezó a dar tanta pereza
arreglar el extraño problema en lugar de trabajar en él… y eso era. La relación
había dejado de ser “simple” para pasar a convertirse en una exasperante
construcción de un rascacielos de muchísimos pisos. Mi padre me dijo cuándo me
divorcié hace años que destruir una relación era exageradamente fácil, “Destruir cualquier cosa nos toma solo unos
segundos, pero construirla, con todo lo que implica, el trabajo, esfuerzo,
dedicación… es difícil, requiere mucho tiempo, dedicación, esfuerzo.” Mi
padre, aunque me costara admitirlo, tenía un punto. ¿Somos ahora las nuevas
parejas un ejemplo de lo disfuncional de nuestra mente? ¿Por qué nos es tan complicado ahora permanecer y hacer trascender una
relación? ¿Es cierto que nos hicimos flojos hasta para luchar por lo que
queremos?
Luego de mucho meditar comencé a
hilar teorías. La primera, es que ahora tenemos OPCIONES, ¡y más de una! ¿Un alma gemela?, ¡Tenemos
muchas parejas potenciales! Para unir tu vida con alguien, en los tiempos de la
bisabuela ni siquiera tenía que gustarte el tipo, ¡podía hasta robarte! Con el
tiempo ya logramos elegir a nuestras parejas, pero una vez hecho este
compromiso, era irrompible, ahora sí que a pesar de todo (peleas, malos
entendidos, discusiones, violencia, infidelidades, pobreza y hasta sexo sin
orgasmo). En una ocasión le pregunté a mi madre “Mamá, ¿En realidad nunca hubo alguien más? ¿Algún otro tipo que te
gustara o pretendiera? ¿Una escapada? ¡El lechero!”… “No hija, ¡jamás!” respondió. Por un lado creí que mi madre mentía
para mantener ese estándar cultural de mujer perfecta que jamás cometió un
error, pero lo que siguió en su respuesta me terminó de aclarar la idea “Es que nosotras fuimos criadas diferentes,
esas OPCIONES ni siquiera existían. Estábamos tan programadas para la vida que
teníamos en pareja que no importaba si existían hombres atractivos o no,
¡Voltear a ver a otro hombre era prácticamente imposible!”
Como mujer que estuvo divorciada,
conozco el porcentaje de falla de matrimonios para mí. Es decir, el pronóstico
de vida de la siguiente víctima. Según la estadística, una pareja de recién
casados tiene cerca de un 25% de probabilidades de divorciarse. Luego, si esta persona
ahora divorciada quiere casarse de nuevo, tiene 60% de probabilidades de “fracasar”
por segunda vez, y si por alguna razón le quedaron ganas de casarse por tercera
vez, el porcentaje de que una vez más deba decirle adiós, incrementa nada más y
nada menos que al 80%. Con este dato estadístico no me extraña para nada la
cantidad de esposos que tuvo Elizabeth Taylor.
Lo que sucede con los divorciados,
algunas estrellas de la farándula y en alguna medida, las parejas de hoy en día,
es que ya no vemos el matrimonio como algo para toda la vida. Sabemos que casarse NO es la única puerta
que tenemos al éxito y realización personal. Y que si por alguna razón algo no
funciona, no es el fin del mundo. También somos más conscientes (o
demasiado conscientes) de que merecemos cubrir varias necesidades de nuestra
vida en una pareja. Es decir que si el marido nos trae pan a la mesa,
responderemos: “Mñeh, yo pude haber comprado un pay de queso y frambuesa del Starbucks”.
No es suficiente (ni el interés de muchas) que la pareja nos mantenga. Queremos
a alguien que nos escuche, nos entienda, nos divierta, nos comprenda, nos de
espacio y a la vez nos atienda.
Y esto de ser demasiado
selectivos no es exclusivo de las mujeres, los hombres también se saben
conscientes de sus necesidades. He escuchado a varios de mis amigos decir que
ya no quieren a la mujer típica de casa. Quieren a la independiente,
inteligente, segura de sí misma, trabajadora, equitativa, que se valga por si
misma pero que también dependa un poco de ellos. La buena noticia, sabemos lo
que queremos, la mala, ¿somos demasiado exigentes e intolerantes?
Ahora Mark Manson suena muy
lógico con su teoría de que formamos parte de la generación que nos sentimos los
merecedores de todo. El valor de nuestra autoestima se desarrolló a tal magnitud
que realmente nos creemos que por el simple hecho de existir, merecemos
absolutamente TODO, y lo peor, muchas veces a costa de todo. En su libro
menciona “… el problema de creerse con
derecho a todo es que hace que la gente necesite sentirse bien consigo misma
todo el tiempo, incluso a costa de quienes se encuentran a su alrededor”.
Yo soy maravillosa, soy perfecta, necesito perfección en mi vida. Él/ella no la
tiene, next!!!
Otro punto que suma al problema es
que la tecnología ha avanzado demasiado rápido y esto, aunque ha unido a muchas
personas, también ha afectado nuestra forma de relacionarnos. Con ello no me
refiero al problema que algunos especialistas mencionan en donde satanizan el
hecho de que tengamos Facebook por ser un problema porque ya sea, o nos
conectamos más fácilmente con nuestros ex amores, o conocemos gente nueva y eso
nos invita a la infidelidad. El verdadero problema va muuuuucho mas allá de ese
anuncio de “¿Quieres conocer chicas
nuevas en tu vecindario?“… El tema con el avance tecnológico es que nos
hace cada vez más perezosos y menos pacientes. Todo está tan a la mano que ya ni siquiera tenemos que levantar el
teléfono para pedir una pizza, ni buscar cambio de a $500 para pagarle al chico
repartidor, una aplicación lo hace por nosotros y con cargo a nuestra
sobregirada tarjeta de crédito. ¿Cómo relacionamos esto con eso de que ahora
nuestros amores no son tan permanentes?... ok, ¿ya dije que somos más flojos?
Ahora, relacionando mi situación,
la evolución social de lo que vivió mi madre versus lo que hoy tenemos de frente,
las necesidades que escucho tienen mis amigas solteras, las peticiones de mis
amigos hacia la mujer perfecta, la teoría de Mark Manson de los merecedores de la
felicidad eterna, y el hecho de tener todo tan a la mano, tan rápido y sin hacer
casi ningún esfuerzo, suena bastante obvio porque no duran nuestras relaciones
ahora. Tenemos opciones, sabemos que las
tenemos, nos creemos merecedoras de lo mejor y si, lo queremos muy muy fácil.
Y como bien dijo mi padre, construir una relación es no voltear a ver las otras
“opciones”, saber que no somos perfectos, que nuestra pareja tampoco lo es, y
hacer que funcione no será para NADA fácil, ni rápido, ni le podremos dar “skip”
a las peleas como a esos anuncios de YouTube. ¡Vaya que si alguien aquí llega a
sus bodas de oro en nuestra generación todos vamos a hacerle un monumento!
Entonces, es tentador preguntarse,
¿Es esto lo peor que le pudo suceder a nuestra generación? ¿Estamos
retrocediendo como sociedad? ¿Vamos a la debacle en la construcción de un
futuro prometedor para nuestra cultura?... Bueno, primero tenemos que recordar
que la supervivencia de la humanidad está ligada a su capacidad adaptativa, es
decir debemos evolucionar sí o sí. Como sociedad indiscutiblemente vamos a cambiar
nos guste o no, así que estamos en ese proceso de desarrollar nuevas formas de
hacer que nuestras relaciones humanas funcionen, o perduren más allá de los 3
años. No somos mejores, no somos peores, solo tendremos que adaptarnos.
Cité a cenar a David a la noche
siguiente, y luego de mucho reflexionar, dije en un arranque de honestidad: “No quiero luchar, preferiría separarme y que
mejor volviéramos a ser amigos...” David hizo expresión de desagrado, yo continué
“… pero aunque hoy no tenga ganas de
luchar por nosotros, lo voy a hacer, porque yo no me voy hasta que doy todo”.
“¿Esto se trata de orgullo Lau? ¿Lo haces
por tu orgullo?” respondió David. Entonces recordé las palabras de mi papá
y agregué “No, lo hago por convicción…
porque si no lucho, en el futuro me sentiré cobarde por no haber dado más, por
haberme rendido tan pronto… Prefiero darlo todo ahora. Construir esto aunque no
esté tan motivada”. A partir de esa
noche el ambiente entre nosotros se serenó, me sentí muchísimo más tranquila,
con menos carga emocional, más racional, como cuando llegas al conocimiento. La
casa volvió a sentirse en paz y dimos vuelta de hoja al tema para seguir con
nuestra modernamente problemática relación. Después de todo, me pareció mejor seguir
el consejo de mi padre: Construir es difícil,
pero todo lo que vale la pena tiene que costarnos trabajo. Y eso… es algo
que no importa las generaciones que pasen ni los cambios tecnológicos, ni las
opciones que tengamos frente a nosotros… es algo que jamás debemos olvidar.
Cómo recuperé a mi ex esposo ... Estoy muy emocionado de compartir mi testimonio de un verdadero lanzador de hechizos que me trajo a mi esposo. Estoy aquí para dar un gran testimonio sobre mi familia. El Dr. Eboh acaba de restaurar mi familia. He tenido malentendidos con mi esposo y su familia. Ambos hemos estado viviendo separados por más de 1 año. Hasta la semana pasada, encontré un testimonio en Internet sobre cómo el Dr. Eboh: holycurecenter@gmail.com ayuda a alguien a reunir a su familia, que era el mismo problema por el que pasaba. Me comunico con él sobre mi problema y me dijo: Lo que tenía que hacer después de 24 horas recibí una llamada de mi esposo que me pedía que lo perdonara por lo que estaba sucediendo, era como un sueño, ya que las cosas empezaron a suceder de la misma manera que el Dr. Eboh me dijo. Estoy tan feliz ahora que tengo a mi familia nuevamente junta (holycurecenter@gmail.com)
ResponderBorrarHola, soy Theresa Williams Después de estar en una relación con Anderson durante años, él rompió conmigo, hice todo lo posible para traerlo de regreso, pero todo fue en vano, lo quería tanto por el amor que tengo por él, Le supliqué todo, hice promesas pero él se negó. Le expliqué mi problema a mi amiga y ella sugirió que debería contactar a un lanzador de hechizos que podría ayudarme a lanzar un hechizo para traerlo de vuelta, pero soy del tipo que nunca creyó en el hechizo, no tuve más remedio que intentarlo, yo envió por correo el lanzador de hechizos, y me dijo que no había problema de que todo estaría bien antes de los tres días, que mi ex volvería a mí antes de los tres días, lanzó el hechizo y sorprendentemente en el segundo día, eran alrededor de las 4 p.m. Mi ex me llamó, estaba tan sorprendido que respondí a la llamada y todo lo que dijo fue que lamentaba tanto todo lo que sucedió que quería que volviera con él, que me ama tanto. Estaba tan feliz y fui con él, así fue como comenzamos a vivir juntos felices de nuevo. Desde entonces, he prometido que cualquiera que conozca que tenga un problema de relación, sería de ayuda para esa persona al referirlo al único lanzador de hechizos real y poderoso que me ayudó con mi propio problema. Su correo electrónico: {drogunduspellcaster@gmail.com} puede enviarle un correo electrónico si necesita su ayuda en su relación o en cualquier otro caso.
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